3er. Domingo – 07.03.10
“Colecta del 1 %”
Realizaremos como en años anteriores la colecta cuaresmal que denominamos “del 1%”. Dicha colecta implica tener claro que no es solamente una colaboración económica, sino que su significado está en nuestra búsqueda de conversión a Dios, en asumir la propuesta del Señor del amor a Dios y a los hermanos, y de la comunión de bienes. La tan antigua “limosna” en la vida de la Iglesia, no es dar de lo que nos sobra, sino dar con una clara conciencia que en este caso mi aporte significará una ayuda a familias pobres, en el tema de viviendas precarias, deterioradas, realización de letrinas, techos, añadidos de espacios de familias numerosas, etc. … No es mucho aportar el 1% de nuestros ingresos totales del mes de marzo, también puede ser más, o bien lo que podamos, pero será clave que dicho aporte esté íntimamente ligado a nuestro querer “volver a Dios” y a nuestra conversión de corazón.
Continuamos nuestra reflexión sobre la esperanza cristiana: “También debemos señalar que la esperanza cristiana no es una búsqueda individualista, y que la salvación siempre ha sido considerada en la Iglesia como una realidad comunitaria. En “Spe Salvi”, el Papa nos dice: “Esta vida verdadera, hacia la cual tratamos de dirigirnos siempre de nuevo, comporta estar unidos existencialmente en un pueblo y solo puede realizarse para cada persona dentro de este nosotros. Precisamente por eso presupone dejar de estar encerrados en el propio yo, porque solo la apertura a este sujeto universal abre también la mirada hacia la fuente de la alegría, hacia el amor mismo, hacia Dios” (14).
La liturgia donde celebramos como pueblo de Dios en comunidad es la mayor fuente de espiritualidad que tiene la Iglesia. La esperanza vivida en la Comunión de la Iglesia nos hace recordar el salmo que dice: “Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor” (Sal. 144 (143), 15).
El flagelo de los ambientes negativos
En esta reflexión cuaresmal sobre la esperanza quiero señalar que necesariamente si queremos ser discípulos y misioneros en nuestro tiempo, nuestras comunidades y ambientes deberán ser testigos de la esperanza. Portadores del gozo de la buena noticia que hemos conocido. En Aparecida el documento de la V Conferencia del episcopado Latinoamericano y del Caribe, nos señala una clave indispensable para la evangelización de la Iglesia en nuestro tiempo, y que marca la actitud que un evangelizador debe transmitir: “En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristianos no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (28).
Señalar la necesidad de generar ambientes de esperanza en nuestras comunidades, no es un tema más, o bien una expresión piadosa de espiritualidad, sino que expresa un aspecto fundamental de la evangelización. La esperanza y la alegría espiritual siempre son un signo de un discipulado bien encaminado.
Tenemos que señalar con preocupación que este signo fuerte de esperanza y la alegría espiritual van muchas veces a contrapelo de un estilo social y cultural que tiende a profundizar la desesperanza, generando ambientes negativos alimentados por un afán de autodestrucción y de tristeza.
Son pocas “las cámaras” que más allá de intereses políticos o económicos, partidistas y sectoriales, muestran las tantas obras, gestos y actitudes que tiene nuestra gente en la vida diaria y son aún en el silencio verdadera causa de fecundidad en nuestra sociedad. No se trata de falsos optimismos que generalmente niegan los problemas que hay en la realidad. Es tratar desde la esperanza activa y comprometida tener el ánimo necesario para buscar soluciones, y en diálogo y consensos en la diversidad encontrar caminos de salida a las tantas situaciones difíciles que se dan en la vida. Es totalmente contraria a la esperanza cristiana aquella frase tan repetida: “esto no va a cambiar más”.
El próximo domingo seguiremos reflexionando sobre el flagelo de los ambientes negativos en nuestra sociedad y también en la vida eclesial.
¡Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Juan Rubén Martínez
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